
Un 19 de agosto Luis Mariano Rivera inició una travesía que no concluirá: la aventura de ir al hallazgo de la vida, en sus más pequeñas y diminutas manifestaciones, como una manera de encontrarse a si mismo, parte de una especie maravillosa y maravillada, capaz de trascender las cercas para remontar el vuelo del corazón hasta los confines de lo extraordinariamente humano.













