Para distanciarse sólo hace falta la voluntad de una de las partes. Para unirse, la de todas. La unidad opositora, de cara a las elecciones de septiembre, no es, por lo tanto, un proceso sencillo. Las buenas y las torvas intenciones se entrecruzan. Las viejas y las nuevas aspiraciones colisionan. Salen a relucir antiguas mañas. Los codazos y las zancadillas se ponen de moda. El venezolano de a pie, descontento e incrédulo, observa… y espera.











