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Luis Laplana: Un médico que hizo historia en Tacarigua Imprimir E-Mail
escrito por Redacción   
martes, 11 de marzo de 2008

Corría el año 1947 y el pueblo de la Tacarigua de Margarita, de calles polvorientas, de humildes habitantes y pasando penurias no sólo por la sequía que entristecía sus campos, sino por las enfermedades que diezmaban su salud, esperaba por un benefactor. Fue entonces que como un Dios, llegó el doctor Luis Laplana, el primer médico que tuvo la población.

El doctor Laplana, un español de Madrid, cuenta que lo que más lo ha impresionado en Venezuela, fue el recibimiento que le hizo la gente buena y solidaria de Tacarigua. “Yo a veces, pienso, que eso fue como si yo hubiese nacido ahí y me hubiera ido a estudiar a Madrid y cuando me gradué volví al pueblo, porque de otra forma no me explico aquella bienvenida”, dice emocionado el médico, quien sólo estuvo en Tacarigua, dos años y otros dos en Santa Ana.

“De esa gente buena tacarigüera -nos dice-, recuerdo a Chica Romero, para mí era número uno. Pablito Romero y su primo Tacho; el maestro Cándido Sánchez, quien era para mí un hermano mayor que me aconsejaba. También a María Landaeta, quien nos atendía la casa. A Cayita Landaeta, quien nos surtía de bienes, pues iba a Porlamar y los compraba y los vendía en el pueblo. A Carmencito Marcano, una muchacha que limpiaba el consultorio, y mucha gente que no viene a mi memoria”.

“En aquellos tiempos -prosigue-, había mucho trabajo, se trabajaba bastante y la organización era muy buena. La Medicatura funcionaba bastante bien. En la mañana era consulta general; luego en las tardes, yo tenía una tarde para visitar a San Sebastián, que era la Medicatura clase B, otra que era para embrazadas y una que era para lactantes sanos. Se trabajaba bastante, repito, pero era todo muy económico. La Medicatura costaba al Estado, yo calculo un estimado de tres mil bolívares mensuales”.

Para ese tiempo, señala el médico, había muchas enfermedades, pero las más comunes eran del sistema digestivo. “Sin embargo, a pesar de todos los malestares que padecía el poblado, la Sanidad estaba para la época asombrosamente adelantada. Ahí se vacunaba y en la Medicatura había ciertos medicamentos que calmaban el dolor a los pacientes. Había curas umbilicales para los partos, los cuales yo ahí atendía”, apunta el doctor Laplana.

Una hija tacarigüera
“Mi esposa vino cuatro meses después que yo llegué a Tacarigua y ahí nació mi hija Marycarmen, quien murió, pero vivió una vida muy intensa, e incluso una vez vino de turista y visitó su casa natal, o sea la de Chica Romero, que era donde yo vivía. En ese momento el guía turístico le enseñó a Porlamar y La Asunción y le dijo que los pueblos del Portachuelo hacia abajo no tenían nada interesante, y ella le dijo que Tacarigua tenía un sitio importante: ¿Cuál es? Le preguntó el guía. “Ya te digo”, le contestó mi hija. Cuando llegó al frente de la vivienda, le dijo: “Este es el sitio, pues en esta casa nací yo”. El Guía quedó asombrado, porque no se imaginó que la turista que guiaba era nativa de aquel pueblo”, cuenta sonriente el Galeno.

De Tacarigua a Santa Ana
“También quiero decirte que si yo hubiese encontrado en Margarita como realizar mi reválida del título de médico obtenido en la Universidad de Madrid, yo me hubiera quedado para siempre en esta tierra, que me recibió como un hijo”, nos enfatiza convencido el doctorLa Plana, quien al preguntarle el por qué se cambió para Santa Ana, nos responde: “Por lo que a mí me contaron, a mí me cambió para Santa Ana el gobernador Heraclio Narváez Alfonzo, quien era nativo de esa población, a la cual le preguntó que le gustaría que él le hiciera, el pueblo respondió que querían al médico que tenía Tacarigua, y el Gobernador los complació y tuve que irme para Santa Ana”.

El Dr. Laplana como un Santo
Pero lo cierto fue que el doctor Laplana, se identificó tanto con el pueblo campesino de Tacarigua que empezaron a quererlo como un Santo, pues él mismo confiesa que muchas personas le pedían fotografías que luego ampliaban y las colgaban en su humildes viviendas, a las cuales el galeno visitaba para conocer la salud de sus habitantes y estrechar sus manos.

El médico Luis Laplana, formó parte de aquellos hombres que venidos de otros lugares, hicieron historia en nuestros pueblos margariteños y que por siempre estarán en sus memorias, porque dejaron una huella indeleble por su vocación de servicio, mística y su gran amor al prójimo. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

 
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