| La violencia humana |
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| escrito por Enrique Altazini | |
| lunes, 10 de marzo de 2008 | |
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Conciencia ciudadana: Estimados y como siempre muy queridos y respetados lectores, si revisamos los anales de la historia, nos daremos cuenta que -desde todos los tiempos- el ser humano ha sido violento con los de su propia especie. La socialización -pareciera- que en vez de abatir ese sentimiento negativo, más bien lo ha fomentado, habida cuenta del surgimientos de nuevos desencadenantes como la codicia, avaricia, odio, resentimiento, perversión y maldad extrema, entre otros tantos que podemos citar y que es presa la humanidad hoy día. Estudios de los etólogos en primates no humanos y las técnicas de imagen están permitiendo explicar el lado oscuro de la naturaleza humana. ¿Por qué surge la violencia entre los seres humanos? ¿Está la agresividad inscrita en nuestro código genético? ¿Qué podemos hacer para evitar que el hombre siga siendo, como dijo Hobbes, un lobo para el hombre? Desde Darwin, muchos científicos han intentado explicar la violencia desde una perspectiva evolutiva. En 1967, Konrad Lorenz propuso que la agresividad era un instinto natural del hombre, una herencia genética de nuestros antepasados simios. Sin embargo, estudios más recientes que han llevado a cabo los etólogos -con primates- han demostrado que incluso entre estos animales, la agresividad no puede entenderse como un mecanismo automático o una programación inevitable, sino una posibilidad entre muchas, pues se ha comprobado que la violencia es sólo una de las opciones a las que recurren cuando surgen conflictos de interés entre ellos. A veces, las peleas se evitan ofreciendo al adversario la posibilidad de compartir comida, o sencillamente ignorándolo. La violencia es solo una de las herramientas de negociación que utilizan en sus luchas competitivas, pero no es la única manera de resolver conflictos. Además, se ha descubierto que aun cuando estalla la guerra, en muchos casos, los primates acaban reconciliándose con abrazos, besos y caricias. Los neurólogos, por su parte, están empezando a desentrañar los procesos cerebrales que desencadenan los comportamientos violentos. Gracias a las nuevas técnicas de visualización, como la resonancia magnética y la tomografía por emisión de positrones, se han identificado algunas de las regiones cerebrales involucradas en la regulación de las emociones. Richard Davidson señala que no todas las personas son capaces de controlar impulsos como la ira y la agresividad de la misma manera. Por este motivo, la estructura cerebral de algunos individuos les predispone a la violencia. Esto no quiere decir que se nace violento, sino que una combinación de factores genéticos e influencias sociales forjan una estructura cerebral que es más o menos capaz de controlar las emociones agresivas. La violencia debiera estar desterrada en una sociedad civilizada; lamentablemente sigue actuando entre nosotros como si fuera el único medio a través del cual podemos hacer oír nuestra voz, mientras que la mayoría, perjudicada, ha de seguir aguantando. No cabe duda que la violencia en la familia es la base de la violencia social. Se ve a diario como madres y padres se dañan tanto física como psicológicamente, dando un ejemplo a sus hijos, futuras personas violentas. Si no tomamos conciencia cada uno de nosotros de la violencia que generamos en nuestra casa, en nuestro trabajo, en la calle o donde sea que convivamos, no podemos contribuir a que cese tanta violencia en este país tan reprimido. Otro caso penoso es que los adolescentes de nuestro país están actuando de una forma vandálica, esto se debe a la formación, a la falta de amor que hay en sus casas, a la falta de conocimientos que les permita razonar que sobre que tipo de comportamiento social deben desenvolverse. |
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