| Las cosas que no logro entender |
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| escrito por Enrique Altazini | |
| miércoles, 27 de febrero de 2008 | |
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Desde mi Atalaya: Estimados y como siempre muy queridos y respetados lectores, cada día me convenzo más que el sabio refranero popular no se pela en sus sentencias, porque como bien dice el refrán: Mientras más… menos. Claro amigo lector, mientras mas vivo; mientras más leo; mientras más escribo; mientras más investigo; mientras más converso; entiendo menos, y no se trata de que este afectado por alguna patología cerebral o neurológica, no señor, lo que estoy es cansado de la conducta que personas e instituciones asumen ante nosotros, y que a mi juicio y entender no las comprendo, así de sencillo, no las comprendo, y veamos algunos ejemplos: ¿Qué pensarán los cajeros bancarios, de los viejitos que a duras penas acuden al banco y se calan una tremenda cola para cobrar sus míseras pensiones; que les van a meter una cabra con un libreta o una cuenta chimba? Esto a juzgar por los extremados controles que les aplican a los abuelitos pensionados, tales como revisión de las libretas con luz ultravioleta, fotografías hasta de la cédula, firma y huella digital; de vaina no les piden la fe de vida a ver si es verdad que están vivos; y no me vengan los banqueros con ese cuento de que son normas ineludibles, porque si hay instituciones donde las reglas tienen excepciones y se saltan a la torera, es precisamente allí en los bancos, o me van a decir es mentira que si usted tiene un pana cajero o es amigo del gerente o sub-gerente pasa los depósitos por encima de la taquilla y les cobran los cheques o retiros internamente; amén de las demás segundas por diligencias, que para los comunes mortales -por lo canales regulares- son mas difíciles que matar un burro a pellizcos. Otra que no logro entender es: ¿Cómo las autoridades nacionales, regionales y municipales -en todos los tiempos y en todos los gobiernos- manejando poder y recursos -porque ambos los tienen y bastante- pueden ser indiferentes ante problemas tan sensibles y neurálgicos como la inseguridad ciudadana; la escasez de alimentos y medicinas; el colapso de los servicios públicos; el caos vial urbano; la anarquía en el transporte público; la proliferación incontrolable de buhoneros; el déficit habitacional; la falta de empleos; la carencia de seguridad social para la tercera edad; las crisis de la salud y la educación en todos sus niveles; en fin, ser protagonistas del descuido total de todo cuanto representa el patrimonio público de los venezolanos? En sesenta años de vida que tengo, y en todos los gobiernos que he vivido, los reclamos son los mismos. Entonces de que estamos hablando. La misma miasma, dijera Joselo. Una última para cerrar con broche de oro. ¿Qué se creerán los funcionarios públicos, cuando en uso y abuso de sus atribuciones, se exceden antes los ciudadanos que acudimos a ellos, ejerciendo en contra de nosotros todo el peso de su arrogancia y soberbia? No les pasará por la mente que, en cualquier momento expirará su contrato de trabajo; pueden renunciar a sus cargos; los despiden, o que se yo que carrizo les pueda ocurrir, y tendrán irremediablemente que volver a ser de nuevo -simples ciudadanos de a pie- como nos etiquetan a nosotros cuando ejercen un cargo público. No hagas, lo que no deseas que te hagan, dice el sabio refranero popular. |
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