| Miércoles de cenizas |
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| escrito por Enrique Altazini | |
| miércoles, 06 de febrero de 2008 | |
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Desde mi atalaya: Estimados y como siempre muy queridos y respetados lectores, todos los años en el mundo católico-cristiano se conmemora y celebra el ritual del miércoles de ceniza, el cual marca el comienzo de la cuaresma. La cruz de cenizas sobre nuestra frente simboliza el sello de Jesucristo. El miércoles de Cenizas, es también un día de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre. Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza, estamos expresando con humildad y sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio. La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad. Dicen que el origen de la imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica y comienza a ser obligatorio para todos los cristianos a partir del siglo X. La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la homilía. La ceniza procede de los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. En la última reforma litúrgica se ha reorganizado el rito de la imposición de la Ceniza de un modo más expresivo y pedagógico. Ya no se realiza al principio de la celebración o independientemente de ella, sino después de las lecturas bíblicas y de la homilía. Así la Palabra de Dios, que nos invita ese día a la conversión, es la que da contenido y sentido al gesto. Además, se puede hacer la imposición de las cenizas fuera de la Eucaristía -en las comunidades que no tienen sacerdote- pero siempre en el contexto de la escucha de la Palabra. La sugestiva ceremonia de la Ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia. (Fuente informativa tomada de Internet) |
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