| El Baile del Mono: tradición ancestral que se afianza todos los 28D en Caicara edo Monagas |
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| escrito por Redacción | |
| miércoles, 26 de diciembre de 2007 | |
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Cada 28 de diciembre los nativos de Caicara de Maturín, en el estado Monagas, y de diversas entidades del país, reviven una tradición ancestral heredada de los indios chaimas: el Baile del Mono. Esta celebración, proveniente de un antiguo rito aborigen, para pedir por buenas y abundantes cosechas para el año entrante, consiste en un baile popular al cual se va sumando en hilera toda la población bajo la guía del personaje principal vestido de mono. Miles de lugareños y visitantes de otras jurisdicciones de la entidad y de estados vecinos se dan cita año a año en esta festividad popular. En los últimos tiempos se realizan varios días de actividades que sirven de antesala al Baile del Mono, y justo cuando los relojes marcan las doce de la noche del 28 de diciembre el pueblo comienza a vivir una jornada diferente. Al grito dado por el Gobernador del estado y el Alcalde de la localidad, comienza la danza popular, de gran arraigo en Caicara, municipio Cedeño, de donde es nativa y única parte del mundo donde se baila. Desde 2004, esta actividad que afianza la cultura del pueblo caicareño, del monaguense y del oriental, recibe un importante apoyo de parte del gobierno estadal, por directrices del mandatario José Gregorio Briceño, quien es nativo de esta población. Es así como fue construido un Monódromo o Paseo del Mono, inaugurado en 2005, especie de concha acústica donde a partir de esa época se celebran las actividades centrales del ancestral baile, convirtiéndose dicho espacio en un emblema cultural del pueblo caicareño. Cuentan los historiadores de Caicara que hace apenas unas dos o tres décadas, el mono era una festividad casi familiar, celebrada por un reducido grupo de locales sin traspasar los límites del pueblo. Hoy es todo un acontecimiento que logra reunir multitudes provenientes de todo el país que no quieren perder la oportunidad de disfrutar en vivo de una tradición que cada año se reafirma y que pone una nota de folclor al final y el comienzo de un nuevo año. No es para celebrar el Día de los Inocentes 'En Caicara el 28 de diciembre, no es día de los Locos, ni de los Inocentes, ni de ningún almanaque. Es día de El Mono y El Mono es lo que se celebra y nada más', asegura. Indica Guevara que esta tradición no desciende de los españoles como también se ha indicado y ratifica su origen autóctono, lo cual expresa muy bien en su libro ' Sobre las Huellas de El Mono' Caicara de Ayer y Siempre . 'El cura duerme, la iglesia también, como estatuas inmóviles en la soledad de la cruz (..) Quién sabe si estarán tristes o indiferentes, porque El Mono no es un legado de la corona española, ni una imposición dogmática de la Iglesia romana; sino un recuerdo memorable de los aborígenes, que nos dieron la tierra, su sangre y rebeldía para luchar y vivir', señala Guevara en el texto. Más adelante, sobre el origen de El Mono expresa el historiador: ' Quién sabe si estarán celosos de tanta devoción a esta tradición, porque no aparece registrada en los rituales de la curia; porque no lleva manteo, sotana ni bonete; porque en ella no hay escapularios, ni plegarias ni rosarios escalonados'. 'Sino la sangre y la sensualidad misma de nuestro ancestro, el indio, relegado y marginado por la vanidad española, de copete alzado, que llevamos por dentro', refiere Guevara. Correa en mano La cola de El Mono no decae nunca, porque siempre va gente de relevo acompañando el baile; 'amén de las que van brotando, como surcos de caña tierna, por todas partes donde se vislumbre una puerta', reseña el cronista. En los últimos tiempos, el gobernador Briceño es quien abre el baile, comandando el tren humano, con correa en mano para que nadie se quede sin unirse a la fiesta colectiva. Rememora el cronista que hace décadas este baile era celebrado por un reducido grupo de caicareños y aledaños de los caseríos vecinos, sin traspasar los límites del pueblo, entonces este baile era descriptible como algo verdaderamente autóctono. 'Donde eran típicos desde la gente hasta la música; eran del pueblo, hechos y usados por él, los instrumentos musicales y hasta el aguardiente en taparas y garrafas que engrasadas de manteca, para el camuflaje innecesario, viajaban en la madrugada a lomo de burro, por los vericuetos del contrabando, a poner la nota alegre y activadora a los parranderos de este día', indica. Señala Guevara que para este tiempo, bastaba que alguna persona, preferiblemente mujer, de esas entusiastas y contagiosas de alegría, que las hay en todas las épocas; se pusiera al frente del baile, 'con peinilla de embuste en mano, frente alzada y moño recogido, presto estaba el grupo a bautizarla 'la capitana', en soga ondulante, por las calles engranzonadas', refiere. Aun cuando en la actualidad se han incorporado elementos del modernismo a esta tradición ancestral, al decir del historiador 'El Mono no es sólo de antaño, también es de anteayer, de ayer, de hoy y de mañana'. |
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