| Jose Gregorio Hernandez el santo de Venezuela Parte II |
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| escrito por Enrique Altazini | |
| martes, 27 de noviembre de 2007 | |
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Conciencia Ciudadana: Estimados y como siempre muy queridos y respetados lectores, continuando con la maravillosa bibliografía sobre el Santo de Venezuela, José Gregorio le manifestó a su padre que le interesaba ir a Caracas a estudiar Leyes; pero Don Benigno lo convenció de que debía estudiar medicina. José Gregorio aceptó obedientemente la orientación de su padre, y a partir de ese momento tomó a la medicina como su propia vocación, quizá porque veía en ella una manera de expresar su natural inclinación a ayudar a los demás. Cuando apenas contaba trece años y medio, bajó de la sierra trujillana hasta Caracas decidido a estudiar medicina. Habría de preparar el bachillerato en el Colegio Villegas, uno de los mejores de la época. Se encontraba al frente del colegio Guillermo Tell Villegas y su esposa Pepita Perozo de Villegas, quienes habrían de tomarle gran afecto al nuevo alumno. Inicialmente José Gregorio se hospedó en habitaciones del mismo colegio. No pasó mucho tiempo sin que las cualidades de estudiante, y el carácter serio de José Gregorio se destacara entre sus compañeros. Estos rasgos no pasaron inadvertidos para el rector del plantel, y poco después lo nombraba inspector para que velara por el mantenimiento de la disciplina en los predios de la escuela. Durante sus años en el colegio Villegas, José Gregorio siempre obtuvo las mejores notas, ganó distinciones y premios, y en varias ocasiones las medallas de la aplicación y de buena conducta. Fue tanto su adelanto que llegó a fungir como profesor de aritmética. Entre 1878 y 1882 José Gregorio cursó en dicho colegio preparatoria y filosofía, graduándose de bachiller en filosofía en ese último año. Cuando ingresó a la Universidad Central de Caracas José Gregorio tenía 17 años. Durante los dos primeros años de estudios universitarios continuó viviendo en el colegio Villegas, donde aun desempeñaba el cargo de inspector y donde era tratado como un miembro de la familia; pero, en 1884, cuando comenzó a cursar el tercer año de medicina, dejo el colegio Villegas para establecerse en habitaciones alquiladas a los esposos Margarita Patria y Germán Puyou en la casa número 3 de Madrices a Ibarra. En ese mismo año, mientras cursaba el tercero de medicina, habría de conocer a dos de sus mejores amigos, quines habrían de significar mucho en su vida y cuyos datos testimoniales habrían de tener un valor incalculable para los biógrafos del sabio de Isnotú. La vocación sacerdotal que según algunos de sus biógrafos había alimentado desde joven junto a su vocación por la medicina, se había desarrollado de una manera serena, manteniéndose siempre como a la sombra de su fervor profesional. No era José Gregorio hombre a quién se oyera con frecuencia hacer comentarios religiosos, al extremo de que uno de sus amigos cercanos, Pedro César Dominici, se sorprendió mucho cuando en una ocasión, conversando acerca del clero, éste le reveló que pertenecía a una orden exclaustrada. No obstante esa discreción con respecto a su vocación y su fe, su deseo de entregarse totalmente a Dios fue siempre en aumento. En 1907, después de haberse traído a todos sus familiares a Caracas, y de haber encaminado hermanos y sobrinos en dicha capital, José Gregorio sintió que ya sus deberes familiares estaban cumplidos. Y como ya se encontraba jubilado de su puesto de catedrático universitario, y además había hecho valiosos aportes a la medicina venezolana y mundial con sus trabajos científicos, consideró que también sus deberes para con su país y con la ciencia habían sido cumplidos, por lo que le era posible entonces llevar a vías de hecho su tan aplazada vocación religiosa. El padre Juan Bautista Castro, su director espiritual durante años, quien era a la sazón Arzobispo de Caracas y Primado de Venezuela, después de mucho discutir con José Gregorio todo lo útil que aún podía ser a su país y al mundo, aprobó finalmente la vocación de José Gregorio. Monseñor Castro envió una carta de recomendación con fecha 6 de octubre de 1907 en la que solicitaba al Prior de la orden de San Bruno en La Cartuja de Farneta cercana al pueblito de Lucca, Italia, el ingreso de José Gregorio en dicho claustro. José Gregorio por su parte envió también una carta al Prior. (Continuará). |
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