| La Contaminación Sónica |
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| escrito por Enrique Altazini | |
| lunes, 08 de octubre de 2007 | |
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Trinchera popular: Estimados y como siempre muy queridos y respetados lectores, en las grandes y congestionadas ciudades de hoy día, no solo enfrentamos la contaminación de la basura que hoy llena las alcantarillas citadinas con características de pozos sépticos pútridos, la contaminación sónica también nos hace sordos por las calles buhoneriles. He aquí cómo combatir y medir la erosión auditiva que sufrimos. La exposición crónica a los altos ruidos que subrepticiamente nos rodean, cumplen con elevar la presión sanguínea y empujar hasta la sobre-marcha nuestros niveles de adrenalina, cosa que -entre otros males- dificulta el aprendizaje de los niños, debilita el sistema de inmunidad humana y prepara el terreno para enfermedades del corazón. Y, como todos sabemos, hasta la exposición por corto tiempo al castigo de motocicletas, estéreos con amplificadores y perros aullando logran incrementar el estrés, destruir la concentración y acabar con el sueño. La intrusión sónica nos invade sin que nos demos cuenta. Igualmente sabemos de la carencia de decretos o leyes que combatan efectivamente la polución del ruido. Es escasa la defensa legal para ahogar estas irritaciones, además de que cuando existe se cumple poco. Todo esto hace que no baste con regular los decibeles de un reloj despertador o un concierto de rock, por ejemplo. Para no afectar la salud, hay que tomar en cuenta también la cantidad de tiempo que pasamos expuestos al ruido contaminador. Y otra cosa clave es que los legisladores no se ocupan de esta muy presente realidad, que no es pendejadita. De nada sirve quedarse callado y esperar que el ruido pase. Se requiere de Organizaciones No Gubernamental (ONG) para esta pelea, donde se creen librerías del ruido, guías para luchar contra el ruido, estudios y leyes. No se trata de ser un nazi del silencio. Se trata de poder disfrutar de los sonidos que se quieren oír sin que sean ahogados por otros sonidos. Como vivimos en una sociedad tecnológica, se cree que el ruido viene como parte complementaria. No es verdad. Las mismas tecnologías que crearon los ruidos pueden acabar con ellos. Pero falta voluntad política para imponer esas restricciones. Por ello es que las comunidades tienen que unirse y escoger el silencio, o la menos el ruido soportable. Aunque vivamos en grandes ciudades o pequeños pueblos, todos estamos expuestos a una variedad de ruidos diarios. Ni siquiera nos damos cuenta de algunos. Otros son lo suficientemente fuertes como para transformar a nuestros vecinos en enemigos. El ruido del vecindario se torna realmente molesto cuando llega al nivel de 50 a 60 decibeles, y cada incremento de 10 decibeles dobla el ruido. El riesgo de daño al oído sin protección para la exposición prolongada comienza en 85 decibeles. He aquí un ranking de ruidos en decibeles, todos medidos a una distancia normal de la fuente sonora. Es un costo mínimo antes de que nos quedemos sordos y con los nervios destrozados. |
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