| La Aduana entre olvido y más olvido |
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| escrito por Enrique Altazini | |
| martes, 07 de agosto de 2007 | |
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Trinchera Popular: Estimados y como siempre muy queridos y respetados lectores, hoy dedicaré esta crónica a mi querido Barrio de la Aduana, del cual no soy nativo, pero si me considero hijo adoptivo pues tengo cuarenta (40) años viviendo en él, y por ende, conozco a fondo sus problemas y necesidades. Pero vayamos al grano. La Aduana es uno de los Barrios más extensos, emblemáticos, populosos y centenario de la Capital del Estado Anzoátegui, asiento de honorables familias, comercios e industrias de diferentes ramos, unidades educativas, restaurantes, hospedajes, y un activa economía informal, entre otros. Sus predios se extienden desde la Chica hasta el Puente La Victoria, y desde el Río Neverí hasta la Av. Monseñor José Humberto Paparoni. Importantes avenidas como la Fuerzas Armadas, Gral. Nicolás Rolando y Monseñor Paparoni cruzan su geografía. Parte del Boulevard 5 de Julio es compartido con el vecino Barrio Camino Nuevo. Comunitariamente el Barrio La Aduana está dividido en cuatro (04) sectores, los cuales -imagino- que hoy con la creación de los Consejos Comunales debe continuar así. Sus problemas son tantos que enumerarlos todos se llevaría varias cuartillas y hasta más de un artículo, pero sin embargo trataré -en estas líneas- de describir los más perentorios, como la inseguridad, las aguas negras, el alumbrado público, el aseo urbano, el deterioro vial, la anarquía en el tráfico, los semáforos, y paremos de contar... Sin lugar a dudas la inseguridad y las aguas negras son los dos problemas más ingentes de esta populosa barriada. Los sitios de mayor concentración de personas como las paradas de busetas y por puestos, la fuente luminosa y el boulevard 5 de Julio son blanco permanente de atracos, arrebatotes y toda clase de delitos mayores y menores. Las aguas negras corren libremente por calles y avenidas, por cuanto los colectores estan caídos, y las estaciones de bombeo dañadas y desmanteladas. El alumbrado público es deficiente, y el poco que funciona no lo apagan nunca. La anarquía en el tráfico automotor, especialmente en el sector del transporte público es patética; las paradas son improvisadas en cualquier sitio y se convierten en tierra de nadie. La huecoteca en las calles, los semáforos inservibles y desmantelados, así como la insalubridad por la cantidad de basura y desechos orgánicos acumulados en calles y avenidas, degradan el nivel de vida, desalienta la convivencia vecinal, y alejan las inversiones en nuestro Barrio, pues la inseguridad, la basura, y las aguas negras son la tarjeta de presentación que exhibimos a propios y extraños. Ah!... tomen nota: el aguacero del sábado demostró -una vez más- el caótico estado de nuestra querida capital, por más que nuestros políticos se dan golpes de pecho diciendo cuanto han hecho. |
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