| El calvario de los medicamentos |
|
|
| escrito por Enrique Altazini | |
| martes, 12 de junio de 2007 | |
|
Trinchera Popular: Estimados y como siempre muy queridos y respetados lectores, comenzaré este artículo de hoy con una autocrítica, pues cuando mi santa madre aún vivía le recriminé muchas veces, incluso la tildé de hipocondríaca por el consumo constante de medicamentos para su diversas afecciones que terminaron por llevarla a la tumba. Hoy la vida me esta haciendo la misma jugada, me ha puesto a transitar el mismo camino del consumo ineludible de medicamentos, y a eso precisamente me quiero referir, a la dependencia de los medicamentos. Cuando estamos jóvenes la vida es de un color distinto a como la vemos en la tercera edad, mucho más cuando somos presas de disfunciones orgánicas y patologías de carácter crónico que nos condenan y atan a determinados medicamentos, los cuales por imprescindibles no podemos obviar y su consumo se hace cada vez más necesario; aumentando -estos- constantemente de precio, mientras los mercaderes de la salud son cada día más insensibles al dolor ajeno, y nuestras fuerzas y capacidad de trabajo merman al mismo ritmo que nuestra salud. Tan solo hace apenas dos o tres décadas aún contábamos con boticas o farmacias en las cuales los propietarios eran sus regentes, y su conducta social era más humanas y más sensible al dolor ajeno. Soy testigo de cómo la Dra. Yolanda de Rodríguez regente de la desparecida farmacia Juncal socorría al necesitado; actitud que también era permanente en otros farmaceutas como el Dr. Mogna fundador de la farmacia Venezuela, una de las pocas que han sobrevivido; El Dr. Fernández Padilla de la farmacia Nacional, el Dr. Pérez Conde de la farmacia Neverí; Los famosos Angelito y Gabriel Emilio Moy de las tambien desaparecidas farmacias Universal y La Aduana quienes sin ser profesionales del ramo, con su experiencia, sabiduría y sentido humano, orientaban a sus clientes y le tendían siempre una mano amiga al que sufría y no contaba con las cuatro lochas para comprar el alivio a sus males. Hoy estos mismos negocios, con contadas excepciones, han sido absorbidos por las grandes cadenas farmacéuticas, y se han convertido en procaces expendios de medicamentos, atendidos por un personal mentalizados que su trabajo en sencillamente vender, no compadecerse del que sufre y le falte cien bolívares para llevar un medicamento. Esto parece duro pero es la realidad, yo lo he vivido. Después nos dicen entre otros comerciales ¿Que más podemos hacer por usted? Entiendo y comprendo perfectamente que quien invierte en una cadena de farmacias debe tener un lucro para el sostenimiento del mismo y compensación a su inversión y trabajo; pero pienso también que deberían ser más sensibles y justos en la hora de establecer los niveles de utilidades y ganancias, habida cuenta que hay medicamentos que son onerosos y de obligada adquisición. Por ejemplo, las farmacias deberían dar la posibilidad de que sus clientes fijos de la tercera edad, que por distintas patologías crónicas deben comprar un medicamento constantemente, los mismos les sean vendidos con un precio especial, es decir, bajándole un poco su elevado nivel de comercialización y ganancias en pro del necesitado. |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|











