| La brutal y tormentosa muerte de Jesus |
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| escrito por Enrique Altazini | |
| martes, 03 de abril de 2007 | |
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Trinchera Popular: Estimados y como siempre muy queridos y respetados lectores, en el fragor de la Semana Santa me pareció oportuno compartir con ustedes este desgarrador mensaje, del cual no puedo dar fe, pero supongo que alguna sustentación real o mística debe tener el mismo. Jesús a los treinta y tres (33) años de edad fue condenado a muerte, la peor de todas las muertes, la crucifixión, reservada solo para los peores criminales, pero con Jesús fue aún peor, porque ellos eran atados con cuerdas a las cruces, Jesús en cambio fue clavados en sus extremidades. Sus muñecas -no sus manos- fueron atravesadas por enormes y puntiagudos clavos de hierro, de aproximadamente quince (15) centímetros de largo y tres de diámetro. En la muñeca hay un tendón que llega hasta nuestro hombro, el cual fue roto por los clavos, obligando a Jesús a forzar todos los músculos de la espalda -por tener sus muñecas clavadas- para poder respirar porque perdía todo el aire de sus pulmones. De esa manera, el cuerpo de Jesús era obligado a apoyarse en el clavo que traspasaba sus pies, el cual era aún más grande pues sujetaba ambos pies juntos, los cuales no aguantaron mucho tiempo sin rasgarse también. Jesús era obligado a alternar ese ciclo simplemente para poder respirar. Jesús aguanto esa situación por un lapso de tres (03) horas, tres horas de larga e intensa agonía. Algunos minutos antes de morir, Jesús ya no sangraba más. No tenía mas sangre para sangrar, por lo tanto le salía agua de sus enormes heridas. El cuerpo humano de un adulto contiene aproximadamente tres y medio (3,5) litros de sangre, Jesús había derramado tres litros y medio de sangre. Tuvo tres enormes clavos atravesando sus extremidades, una corona de espinas y un soldado romano le clavo una lanza en su tórax. Todo este sufrimiento final, fue precedido por la humillación de cargar su propia cruz por casi dos kilómetros y medio, mientras era cruel y brutalmente azotado y la multitud le escupía el rostro y le tiraban piedras. La cruz pesaba unos cincuenta (50) kilos aproximadamente. El relato de los Evangelios nos da cuenta que Jesús llegó en muy mal estado a la Cruz debido a los sufrimientos y torturas padecidos a manos de los auxiliares romanos y guardias judíos y, sobre todo, de la flagelación a que fue sometido. Puesto que Poncio Pilato no creía que fuera culpable de muerte lo más posible es que ordenara que le azotaran muy violentamente para evitarle el mayor sufrimiento posible en la Cruz. El evangelista Juan fue testigo de la crucifixión de Cristo y su relato es el que más pormenores señala sobre este episodio. Jesús murió crucificado por la redención de los pecados de la humanidad. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla |
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