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Umberto Costanzo: un espíritu a mar abierto Imprimir E-Mail
escrito por Elgica Semprún Hernández   
lunes, 06 de febrero de 2006

Umberto Costanzo, deportista, pintor, arquitecto, constructor, escritor, músico, un hombre de 80 años que nació en Italia, pero que se siente venezolano como el que más. Algunos pensarán que no se puede decir más de este hombre, pero Costanzo es de esas personas con quien se puede conversar durante horas sin caer en el mismo tema.

Tras 48 años en Venezuela su acento italiano es una marca y aunque durante la entrevista pidió disculpas un par de veces por su dificultad para pronunciar algunas palabras en español, se hace fácil entender a quien habla de manera franca y abierta.

Nieto e hijo de pescadores, se dice hombre de mar, y es que si alguien buscara una representación de un pescador Costanzo sería la ideal. Su cabello parece ser peinado por el mismo viento, su barba blanca como la espuma del mar y esa manera de hablar sobre el significado de navegar, hacen de él un veterano de las olas.

Un comienzo que no termina

Aunque el tema de la Escuela de Vela no fue el que dio inicio a la conversación, hay que comenzar por allí, ya que durante años Costanzo ha luchado para mantenerla a flote con casi ninguna ayuda oficial. Umberto Costanzo fue un atleta de alta competencia, no en vela sino en uno climáticamente opuesto, en esquí de montaña, por ello, por su conocimiento del mar y por su calidad humana está garantizada la enseñanza que ofrece a los muchachos que van a sus clases de vela.

Para este luchador existe una visión errada sobre la vela como disciplina ya que es catalogada como una actividad para gente de muy alta posición económica, pero quienes verdaderamente conocen el mar son personas que han vivido de él y en él.

- El dueño del velero no es el que sabe navegar, a bordo va gente que viene de los pueblos de pescadores. Ellos son los que marcan la pauta. Hay una anécdota inglesa que expresa lo que digo. Los ingleses se han considerado tradicionalmente como grandes navegantes de la vela deportiva. En una oportunidad un dueño de un barco enorme que tenía como 60 tripulantes estaba al lado del capitán que tenía el timón y entonces el capitán dirigiéndose al dueño le dijo “Sir, ¿no quiere tomar el timón?” Y el dueño desdeñoso le contestó, “Lo siento, yo no tomo nada antes del almuerzo”.

Quienes han seguido las informaciones deportivas en el estado Anzoátegui, saben bien que en cada período gubernamental municipal o regional se han hecho promesas para la Escuela de Vela y aunque Costanzo dejó claro que no quería hablar de política porque lo considera una pérdida de tiempo, es imposible dejar de decir que las promesas se han desvanecido en el tiempo y que la estructura en la que hoy trabajan a las orillas de playa Cangrejo se ha levantado gracias al esfuerzo de este hombre, y como él mismo dice “de buenos amigos, de empresarios, de los mismos muchachos que vienen todos los días, en fin de gente que se preocupa por este lugar”.

Anzoátegui tienen en su haber deportivo varios campeones mundiales en diferentes categorías del velerismo y esos puestos importantes logrados en competencias de alto nivel son una muestra de que en esta región cuyo elemento natural es el mar, hay una camada de muchachos y muchachas que con la debida preparación ocuparían lugares privilegiados y romperían récords. Esos prospectos pueden desarrollar sus habilidades en la Escuela de Vela, pero para lograrlo se necesita el apoyo institucional que otorga el gobierno.

Costanzo asegura que en esta escuela está abriendo los brazos a hijos de pescadores, pero es necesario llegar a una especie de entendimiento entre las personas de mar los que saben sobre esto y las autoridades que manejan el deporte. Como en todo deporte en la vela no se puede improvisar porque hace falta años de entrenamiento para decir que un atleta puede ser un prospecto en el deporte de la vela, en esta disciplina como en la vida misma hay que formar la tradición, e inculcarles a los muchachos los principios fundamentales.

- Navegar es algo que te hace libre, es un mundo maravilloso, es una forma de vida totalmente diferente a la que se vive en tierra, porque para manejar un carro voy por la carretera que me trazan otros, en el mar en cambio yo me trazo mi propio rumbo, si me pierdo yo lo pago.

Todos debemos navegar alguna vez en la vida, por eso es que aquí en la escuela de vela atiendo a los muchachos desde los 7 hasta los 70 años, no digo 80 porque cometería el pecado de presunción porque entonces me estará diciendo muchacho a mí mismo.

Velas para el turismo

Quien conoce bien un tema, sabe expresar todas sus dimensiones por lo que es fácil para Costanzo demostrar argumentativamente que el velerismo es una actividad que va más allá del área deportiva o recreativa, pero hace falta la educación que sólo se logrará con el compromiso de los gobiernos, de los institutos, de las universidades, las federaciones y del sector privado.

- La vela hoy día es un área que ocupa el primer lugar en cuanto a explotación turística, si nosotros incentiváramos el desarrollo de la vela, automáticamente y sin mayor esfuerzo resolveríamos el problema del turismo náutico, porque mucha gente vendría a visitarnos, El problema es que por las poco favorables condiciones los veleros que nos visitaban ahora se fueron para Trinidad, sería perfecto si estos dos mil veleros los pudiéramos tener en Puerto La Cruz, eso traería un desarrollo económico importante además de renombre internacional.

En el mar del arte

Antes de ser arquitecto Costanzo fue pintor, sus cuadros se han expuesto en varias partes del mundo, en Italia, en España, en Austria, de hecho supo pro primera vez de Venezuela en una exposición, se entusiasmó con el país y llegó a Venezuela prácticamente como pintor.

Asegura que sigue siendo pintor, sus obras han sido expuestas en Caracas, Acarigua, Mérida y otras ciudades, la última fue hace 20 años en un homenaje que le hicieron, que incluyó un concierto, para de esa manera en cierta forma agradecerle lo que habían aportado.

A través de la pintura llegó a la arquitectura, se graduó de arquitecto en Venecia, por sus primeros proyectos que para la época eran muy innovadores lo llamaron el iconoclasta. Publicó un libro de poesía, la música la toma es una especie de complemento “porque el arte es así y aunque tengan diferentes nombres son expresiones artísticas. El arte no necesita micrófono, porque es una expresión libre”.

Toca el piano, pero lo hace en la más absoluta intimidad y aunque se lo pedimos con vehemencia casi infantil Costanzo se negó con una característica suavidad que no deja de ser rotunda.

Califica el espacio en el que se mueve como pequeño, pero no se refiere al espacio físico, sino al vivencial aunque lo que realmente quiere es dejar una huella en los muchachos que enseña, para que sean mejores seres humanos en todas sus dimensiones. Costanzo insiste en la necesidad perentoria de saber al final de la vida que se ha hecho algo positivo.

- Es difícil tratar de verse al espejo y conocerse a sí mismo y es que cuesta más conocernos a nosotros mismos que a los demás, porque a ellos los juzgamos por sus acciones, y los clasificamos; pero con el espejo es una cosa muy difícil de solucionar porque en nuestra mente siempre tratamos de justificar nuestras acciones y eso nos impide se libres.

Costanzo suspira y mira rápidamente a quienes estamos cerca de él atentos a sus palabras, “nosotros somos esclavos de nosotros mismos, de nuestros propios complejos, de nuestros propios defectos, si alguien se para en público y tiene el valor de decir yo no soy nadie sería la primera vez, porque todos queremos ser alguien de forma justificada y ¿cómo es uno alguien? Actuando, haciendo, realizando. Grande es el zapatero que resuelve el problema de los zapatos, porque lo importante es identificarse y sentirse orgulloso de lo que se hace.

- Todos debemos tener el valor de pararnos frente al espejo, vernos honestamente y preguntarnos qué hemos hecho, y entonces ver si podemos sentir el orgullo de darnos una palmada en el hombro y decir “Te felicito”, igualmente hay que tener el valor de decir “Te equivocaste” o “hiciste mal tal cosa”, porque el objetivo es estar en paz con uno mismo.


Amar a la madre

Costanzo describe su relación con su madre de una manera poco usual que raya en la máxima sinceridad de los sentimientos poéticos. Su madre era sorda, por lo que nunca pudo tener una conversación con ella a no ser en términos mímicos.

- A mi mamá yo podría verla desde la izquierda y desde la derecha, podría decir que mi mamá era una santa y una malvada, podría decir que mi mamá es la más grande y mejor mujer del mundo y también puedo decir que es la que no me ha perdonado nada, que me ha castigado, pero una cosa si es cierta, yo he adorado a mi mamá y a todos los jóvenes les digo que si hay alguien a quien hay que adorar es a la mamá. Yo no deseo ningún mérito especial como representante padre, jamás podría decirles algo a mis hijos para que aborrecieran a su mamá, porque si yo estoy en esta vida se lo debo a mi madre, aunque también quiero mucho a mi padre.

Uno de sus libros de poesía está dedicado a su progenitora “A mi madre sorda que nunca pudo oírme tampoco pudo leerme por haberse ido en paz a los 90 y pico de años”.

Venezolano pero no reencauchado

Umberto Costanso nació en un pequeño pueblo ubicado entre Austria, Italia, Croacia y Serbia. Italiano de nacimiento se siente venezolano como cualquiera que haya nacido en este país. Aquí ha hecho su familia y ha forjado una vida. Su arraigado acento delata su origen, pero el sentimiento de sus palabras cuando habla de Venezuela demuestra que reconoce y le da valor a lo que ha recibido de ella.

- Yo soy italiano y hoy día soy venezolano y no reencauchado, soy venezolano de espíritu porque yo realmente amo esta tierra, ya yo no le pido nada, quiero darle porque ya he recibido, he trabajado pero me ha compensado, yo la amo y en este momento mi manera de pagarle es estar con estos muchachos de la escuela de vela, enseñarles, que aprendan. Hoy están navegando alegres, aquí nos reunimos y compartimos como una familia, quiero que aprendan no sólo a navegar, sino también a tener una vida positiva, a respetar los valores, la familia y al país.

Humberto Costanzo es un hombre de espíritu alegre y positivo, al conversar con él uno se siente inmerso en sus palabras como un barco mecido por las olas. Al final uno termina sintiéndose parte del especial ambiente que lo rodea, sus cuadros con diversas expresiones, los libros suyos y de otros, sus marcadores que se han convertido en aliados de su acción artística, el piano mudo ante la presencia de extraños, sus recortes de periódicos, fotografías, cartas de amigos y familiares guardadas con celo y cuidado pero a su vez mostradas con el orgullo de quien enseña su mayor tesoro, de quién tiene el corazón a mar abierto y sabe que no se debe luchar contra las tormentas, sino aprender a vivir en ellas seguro de que el buen tiempo ha de llegar.

 
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