| Luis Mariano Rivera Font |
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| escrito por Redacción | |
| sábado, 24 de febrero de 2007 | |
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Fue poeta, compositor y “cantista”, como él mismo solía llamarse. Nació el 19 de agosto de 1906, en Canchunchú Florido, población cercana a Carúpano, estado Sucre. Hijo de María Rivera y Antonio Font. Al igual que la mayoría de los venezolanos a comienzos de siglo, dedicó sus esfuerzos al trabajo de una agricultura de subsistencia rudimentaria y otras labores del campo; de allí su identificación y amor a la tierra, a las costumbres del campesino, su admiración y satisfacción por el canto de los pájaros, la fragancia de una flor, el verdor de la vegetación, el chapotear de las aguas, el sabor de las cerezas, lo crujiente de la guácara, el ladrar de los perros.
En cada detalle hay una vivencia que la expresa con canción. “Luis Mariano creció con la poesía sin saberlo y ya viejo supo entonces que eran poesías lo que sus palabras decían”. Fue fundador de grupos musicales, tales como: Alma Campesina y Canchunchú Florido. En 1996, la Dirección de Cultura de la Universidad de Oriente le publica el ensayo titulado: “Canchunchú Florido, Valle Mágico”. Sus composiciones han sido interpretadas por cantantes y agrupaciones nacionales y extranjeras; destacándose entre ellos: Morella Muñoz, Jesús Sevillano, Rafael Montaño, Magdalena Sánchez, el Quinteto Contrapunto y muy especialmente Gualberto Ibarreto con sus composiciones: La Puerca de ña Carmen, La Guacharaca y el aguinaldo de Guadalupe, La Distancia, así como el tema “Cerecita”, el cual fue llevado a la danza y montada en Rusia (antigua U. R. S. S.) por Yolanda Moreno. En 1984 funda la Casa de la Cultura de Canchunchú, en la cual enseña el oficio de la confección de vestuario que posteriormente es vendido, con el objeto de financiar talleres de música, danza, teatro, artes plásticas y artesanía. Fue nombrado Doctor Honoris Causa de la Universidad Experimental de Guayana y Profesor Honorario de la Universidad de Oriente, del Instituto Universitario “Jacinto Navarro Vallenilla” y del Instituto Técnico Universitario “José Antonio Anzoátegui”. El canto de Luis Mariano Rivera, sale del corazón profundo, de los sentimientos del alma; no en vano tiene en su haber múltiples premios y reconocimientos, entre los cuales resalta: el de Patrimonio Cultural Viviente del estado Sucre, otorgado el 15 de abril de 1994. Alí Primera le dedicó una de sus composiciones: “La canción de Luis Mariano”, de igual manera Rafael Salazar y Emil Sucre. Alcides Martiarena (músico, compositor y ferviente admirador de su obra) ha puesto música a varios de sus poemas. De igual manera, mereció numerosísimas distinciones por parte de Instituciones públicas y privadas, destacando: El Premio Nacional de la Cultura Popular (1991), que otorga el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC). Siempre se ha dicho que al lado de cada hombre que logra destacarse en cualquier campo, allí ha estado presente, a manera de estimulo y de apoyo en las horas difíciles, la figura, de una mujer que en la mayoría de los casos adquiere la fisonomía de sombra y reflejo amoroso. Maximina Marsella, ha personificado a “la negra de Luis Mariano”, su compañera inseparable. Ella siempre con una sonrisa en los labios, envuelta en una humilde gracia, que se hace más convencedora cuando la identificamos allá en su rancho, siempre atenta a los detalles. Luis Mariano le dedicó un bello poema titulado “A mi Negra Compañera”. El rescate de sus obras teatrales “El Cundiamor”, “La Guácara”, “El Tiguitiguito”, “El Piapoco”, o teatro campesino como a él le gustaba llamarles, forma parte de un proyecto de investigación en curso. Fue a los 48 años cuando escribió su primer poema y se dio cuenta de que era poeta. “A esa edad me propuse hacerle un canto a mi tierra y quise hacerlo en forma de aguinaldo: Canchunchú Florido”. Muere el 15 de Marzo de 2002, luego de luchar contra un cáncer que lo mantuvo en cama durante los últimos tiempos. Luis Mariano, enaltecedor de cualidades extraordinarias que no dejan margen a la imaginación, amante impenitente de la naturaleza; su vida transcurre cual jardín donde el cerezo en flor exalta su inspiración de poeta innato, diáfano cual riachuelo que nace espontáneo de su fuente y con su riego cotidiano, dá vida a una infusión de amor y grandeza por la tierra que lo vio nacer, por el campo, testigo de sus travesuras de niño inquieto, su admiración y contemplación en el trinar de los pájaros, el disfrute de la fragancia de una flor, del aroma y verdor de la vegetación, el deleite por la fruta fresca, el amor por la compañera de vida, su entorno, su cotidianidad, fluyen como manantial de inspiración divina. Su sencillez aflora con una espontaneidad inusitada de su inteligencia natural que hace marco a una infinita humildad y altruismo, dignos de ser imitados. El valle mágico de su amado Canchunchú, florido por su propio designio, testigo de las vivencias de su infancia desasistida y silvestre que logra conjugar a los hermosos paisajes de su tierra natal y asume como su más sublime fuente de inspiración. Luis Mariano, la evocación de tu recuerdo, a través del legado de tu obra artística y poética trascenderá a nuestras generaciones como horizonte majestuoso, conciliador de nuestra cultura popular. |
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