| ¡Vuelvan Caras! |
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| escrito por Carlos Vicente Torralba | |
| miércoles, 20 de diciembre de 2006 | |
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Hay momentos para reír, soñar, reclamar, enardecerse y hasta para mentir; pero jamás habrá un momento para humillar a alguien que no puede hablar por que estamos parados sobre su tumba y su cuerpo inmóvil, como su colosal hazaña en el tiempo ni se inmuta; por que Él supero a su tiempo como supero la rabia, la amargura de haber nacido descalzo hasta haberle puesto la esperanza y nombre a la propia patria, para morir pobre, desterrado y en el suelo como todo un llanero fiel a su Virgen del Carmen, donde dejo su último aliento Y hoy la mano que lo aplaudió en su bicentenario ahora lo vapulea como si existieran dos seres en un mismo cuerpo, uno el llanero noble de mi tierra y el otro un desterrado de afectos. Que fácil es insultar a un muerto, pero que difícil es blasfemar las proezas de ese ser que nos dio la venezolanidad, llamado José Antonio Páez, mi taita, mi esperanza, mi fuerza. Tan fácil que puede ser reclamar a los presentes en un acto que termino siendo una comedio irónica de una tragedia, por que habían mas corruptos y traidores vivos que muertos en las cuatro paredes del Panteón Nacional, que por cierto, ha visto demasiado para seguir siendo el recinto de la Patria, mas bien es el confesionario de un proceso que no cuaja, aunque lo hemos intentado, siendo los obstáculos aquellos que alaban y aplauden a su nuevo amo, igual que lo hicieron con los de la cuarta república. Acaso no son los mismos aduladores de aquel que dijo “autosuicidio”; acaso no son los mismo que violaron con su impunidad las arcas de la república que vio en los jóvenes militares del 4F el regreso a la justicia y la dignidad; son los mismos aduladores que le ofrecieron a Bolívar una corona y los mismo que se la ofrecen hoy al que ofende al muerto, con la diferencia que esta vez lo hacen en silenció y permiten que los insulte y crea que existe la inmortalidad política, cuando esta es apenas un suspiro en el tiempo. Hoy llevare flores a cualquier plaza que tenga a un Páez y le diré “mi taita, perdónalos por que no saben lo que dicen, ni siquiera saben quien eres y que excite la primavera en el llano, por que existió una Mucurita, El Yagual, Carabobo entre otras y la mas grande de todas Las Queseras del Medio, que la llevo en los tuétano en señal de nuestra dignidad… taita perdónalos y enséñame a mi a perdonar”. |
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