| Nuestros maestros de antier |
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| escrito por Enrique Altazini | |
| martes, 29 de abril de 2008 | |
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Trinchera Popular: Estimados y como siempre muy queridos y respetados lectores, en estos días por esas casualidades de la vida, me encontré con tres viejo amigos y compañeros de estudios, a quienes no veía desde hace unos treinta y tantos años aproximadamente. Dos de ellos compañeros de la infancia, y por ende, de la escuela primara, allá en el Colegio Salesiano “Don Bosco”. El otro, de secundaria en el legendario Liceo Cagigal de Barcelona. Con todos ellos, la conversación giró sobre el mismo tema: La nostalgia de ese pasado feliz, y la dicha de haber tenido maestros tan insignes como los que tuvimos nosotros ayer. Del Don Bosco, rememoramos con especial cariño al Padre Henríquez salesiano de origen germano, de férreo carácter y mucha sabiduría, que dejó en nosotros la huella del orden y el respeto hacia los demás, así como la disciplina para el estudio y el trabajo. Seguimos rememorando al Padre Gustavo Díaz Cisneros, carismático salesiano muy dado al deporte y los actos culturales. Con el aprendimos cultura general, pérdida del miedo escénico, deportes en todas su variedad para el momento, y también mucha disciplina. Recuerdo que en una visita que nos hizo el siempre recordado y decano de los obispos anzoatigüenses Monseñor José Humberto Paparoni, se quedo sorprendido de la disciplina de nuestro colegio, y de la forma como interactuaos con él durante su visita a nuestro colegio. No menos importancia tuvieron los demás maestros como Jesús Orocopey, lamentablemente ya fallecido. El maestro Alvarado, a quién a veces encuentro por esas calurosas calles barcelonesas y saludo con gran respeto, cariño y alegría. También rememoramos a los maestros Achique y Parababire, este último -según- y que también fallecido. Ya cuando esa generación estábamos por terminar nuestros estudios en dicho plantel, hacía su entrada a la plantilla de educadores el maestro -hoy profesor- Virgilio Heredia. Recordamos también al maestro Benítez, de quien se decía que era sacerdote, pero jamás lo vimos con sotana. En esa amena tertulia sobre nuestro querido colegio Don Bosco “El Salesiano” no pudo faltar el carismático Domingo Trippeta, el chofer del trasporte escolar, y hombre de ejemplar paciencia y conducta orientadora, parecía un sacerdote más. Del viejo Liceo Cajigal (el que estaba ubicado en la Avenida 5 de Julio de Barcelona y hoy fraccionado en tres instituciones) rememoramos con nostalgia y alegría a educadores insignes y ejemplares como el profesor Cabeza, la profesora Gladys Marcano, el profesor Mitchel, el profesor Plutarco, el profesor Delpino, y como olvidar -entre otros- al carismático Periquito, profesor de ecuación artística, de hablar pausado y melodioso típico de los ecuatorianos. Sin ánimos de descalificar a nadie, la brecha entre los maestros y profesores de ayer, frente a los educadores de hoy, es abismal. Razones me sobran para sustentar tal afirmación. Como corolario, solo me resta hacerle llegar a mis maestros de ayer, en nombre de ese grupo de muchachos hoy casi todos en la tercera edad, que nos formamos con ellos, estas palabras de aprecio, respeto, consideración y mucho cariño, hacia quienes influyeron en la formación de nuestro carácter y dejaron en nosotros la profunda huella que nos condujo a ser buenos ciudadanos, exitosos profesionales, así como hombres y mujeres de bien y de paz. |
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